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miércoles, 13 de junio de 2018

Benito quería ser campeón

Mussolini hizo todo lo posible durante el Mundial de 1934 para que Italia lograra el título.


Cuando se desarrolló el Mundial de 1934, Italia se encontraba bajo el mando de Benito Mussolini.  Para “Il Duce”, la obtención del título como locales era una gran herramienta para distraer al pueblo de lo que estaba pasando en el ámbito político y para darle más fuerza a su gobierno.

De esta manera es que Mussolini hizo todo lo que estaba a su alcance para que Italia lograra el título. Además de las sospechas de árbitros sobornados, Il Duce reforzó la escuadra azzurra con cuatro jugadores argentinos y uno brasilero. Incluso, Luis Monti, uno de los argentinos, había jugado la final del Mundial anterior contra Uruguay.

Además, se comenta que antes del partido Mussolini amenazó de muerte a los jugadores. Il Doce habría dicho “Buena suerte para mañana muchachos, ganen, sino, crash” y le dijo al técnico Pozzo: “Señor Pozzo, usted es el único responsable del éxito, pero que Dios lo ayude si llega a fracasar”. Indudablemente, Benito quería ser campeón del mundo a toda costa.

La Batalla de Berna

El Mundial de Suiza 1954 fue la sede de uno de los acontencimientos más tristes de la historia mundialista


Lamentablemente, hoy en día es muy común que la violencia esté presente en las canchas de fútbol. En 1954 se dio una batalla campal que sería considerada como el mayor bochorno de los mundiales. Este acontecimiento se conocería luego con el nombre “la Batalla de Berna” en alusión a la ciudad suiza donde desarrolló el juego.

El Mundial de Suiza 1954 tenía como grandes candidatos a Hungría y Brasil. El combinado sudamericano llegaba como subcampeón de 1950 y empezaba a armar el equipo que en 1958 deslumbraría al mundo. Los húngaros parecían una selección invencible, contando con un invicto de más de 30 partidos  con la medalla olímpica de oro colgada en el cuello. La suerte quiso que estos dos equipos se encontraran ya en cuartos de final.

El encuentro se desarrolló con dureza y entradas violentas de ambos lados, lo que comenzó a exasperar los ánimos de los jugadores. Ya a los 18’ Brandaozinho aplicó un puñetazo en la cara a Hidegkuti, desatando una primera gresca que involucró a jugadores e hinchas, debiendo intervenir incluso la policía. Sorprendentemente, el juego se reanudó sin ningún expulsado.

A los 65’ el capitán húngaro József Boszik se enfrenta a golpes de puño con Nilton Santos, resultando expulsados ambos jugadores. En el minuto 79 el delantero brasileño Humberto también es expulsado por golpear a Lorant. El encuentro estaba 3 a 2 a favor de los europeos. Cuando parecía que Brasil podía lograr el empate, Kocsis sentencia el partido a los 88 marcando el 4-2 definitivo. En los últimos minutos la cancha explotaba: reclamos, manoteos y amenazas.

Con el pitazo final llegó la debacle. La pelea se traslada a los vestuarios, donde se suman hasta los dirigentes. El resultado de esta batalla campal fue varios heridos por ambos lados. La estrella húngara Puskas llegó incluso a partir una botella de vidrio en la cabeza de un brasilero.

El batacazo de Corea del Norte

El partido disputado entre Corea del Norte e Italia en el Mundial de Inglaterra 66 fue uno de los más sorprendentes de la historia.


Batacazo es una palabra utilizada en el ambiente deportivo para caracterizar partidos y resultados sumamente sorprendentes. Si hay un partido en la historia de los mundiales que puede acunarse bajo este mote, ese es el que disputaron Corea del Norte e Italia en el Mundial Inglaterra 66.

Mientras que Italia era considerada una de las potencias futbolísticas, contando con dos mundiales en su haber, Corea del Norte participaba por primera vez en una cita mundialista. Todos los jugadores eran comandantes solteros del ejército, condición excluyente para integrar el plantel. El partido terminaría con victoria para los asiáticos por mínima diferencia. El gol fue anotado por Pak Doo Ik, un dentista y militar de 31 años que en sus escasos tiempos libres practicaba fútbol.

Tan poca fe tenían los dirigentes norcoreanos en sus jugadores, que debieron cambiar de emergencia los pasajes que ya habían adquirido para volver a casa tras la primera ronda. Además, debieron alojarse en un hospedaje de un centro religioso, pues todos los hoteles se encontraban ocupados. Lo contario paso con Italia, que ya había realizado las correspondientes reservas para la segunda fase.

Hasta el día de hoy, los jugadores italianos alegan que los norcoreanos aprovechaban su parecido físico para realizar cambios en el entretiempo sin que nadie se dé cuenta.

El perro Pickles

El perro Pickles fue uno de los héroes del Mundial de Fútbol de Inglaterra del año 1966.


Se podría decir que la Copa del Mundo Inglaterra 66 tuvo dos héroes. El primero fue Geoffrey Hurst, jugador inglés que anotó tres goles en la final y consiguió así la única primera y única conquista mundial de su selección. El segundo no es un jugador de fútbol. En realidad, tampoco es humano. Estamos hablando de nada más ni nada menos que de Pickles, el perro que se convirtió de la noche a la mañana en héroe nacional e internacional.

Faltando cuatro meses para el comienzo de la competición, los dirigentes ingleses iniciaron una gira por el país exhibiendo la copa Jules Rimet. Lo que nadie esperaba era que, durante su estadía en el Central Hall de Westminster, Londres, el trofeo fuera robado, causando un estado de conmoción en todo el país.

A pesar de contar con la participación de la mismísima Scotland Yard en el operativo, sería el simpático Pickles quien encontraría la copa. El perro había sido llevado a pasear a un parque como todas las mañanas, solo que esta vez se encontró con el preciado trofeo debajo de un árbol.  Como recompensa, Pickles fue el gran agasajado en el día de la inauguración de la competencia.

El bidón de Bilardo

Esta es una de las anécdotas de los mundiales más conocidas y populares.


Una de las anécdotas mundialistas más populares de todos los tiempos es la conocida como “El bidón de Bilardo”. Si bien esta historia es rotundamente negada por el ex entrenador de la selección Argentina, el propio Maradona se encargó de corroborar su veracidad.

Transcurría el Mundial Italia 90, más precisamente, el partido por octavos de final entre Argentina y Brasil. Se comenta que Branco, el lateral izquierdo de la selección brasilera por ese entonces, estaba exhausto de subir y bajar constantemente por la banda y en un determinado momento se acercó al banco de suplentes contrario en busca de un poco de agua.

Luego de beber del bidón que gentilmente le habían cedido sus rivales, Branco comenzó a sentirse muy mal. “Tiraba los tiros libres y se caía”, declaró luego Maradona. Aparentemente, el bidón que Bilardo y su masajista habían cedido al brasilero contenía alguna sustancia somnolienta.  Luego de este incidente, varios dirigentes brasileros intentaron llevar el caso a la justicia de la FIFA, pero nunca se tuvo éxito en esa instancia.

Ocho años después de aquel día, el ex integrante del plantel José Horacio Basualdo declaró: “... cada vez que me encuentro con Branco me manda saludos para Bilardo. Y tiene razón, el tipo se tomó como medio bidón de agua con somníferos. En un momento de una lesión nos acercamos y 'Galíndez' (Miguel di Lorenzo, masajista argentino) se encargó de dar bidones. Fue cuando nos enteramos que le habían echado una sustancia somnolienta a esa agua y Branco fue el encargado de llevarse el bidón”. Diego Maradona también expresó: "alguien había picado un Rohypnol a una botella de agua. Estaban todos y venían a tomar (agua) los buenos de ellos. Yo les decía tomá, tomá Valdito y Branco se la tomó toda”.

Si bien no es una historia que se haya corroborado en un 100%, conforma una anécdota muy pintoresca que ha sido comentada por miles de personas en todo el mundo.